
En agosto de 2007, Blanca Uribe recibió de la Fundación Albéniz, en Camprodón, España, lugar de nacimiento del compositor, la Medalla Albéniz, por sus interpretaciones de la Suite Iberia. El gobierno de Colombia, además, le ha impuesto dos condecoraciones: la medalla Francisco de Paula Santander y la Orden de San Carlos, esta última bajo el mandato del Presidente Belisario Betancur.
Notas al programa
El concierto Emperador fue compuesto entre los meses de febrero y octubre de 1809. Friedrich Schneider fue el pianista que lo ejecutó en su estreno en Leipzig el 28 de noviembre de 1811.
Nadie sabe cómo llegó a conocerse el Quinto Concierto para Piano de Beethoven con el nombre de Emperador o El Emperador. El compositor no lo tituló de ese modo; seguramente que no hubiera elegido honrar al emperador Napoleón Bonaparte, cuyo ejército ocupó Viena mientras Beethoven estaba componiendo el concierto. Acerca de Napoleón, el compositor dijo: "Es una lástima que yo no comprenda tan bien el arte de la guerra como comprendo el arte de la música. ¡En ese caso, yo le conquistaría a él!"
Los ejércitos de Napoleón invadieron Viena el 12 de mayo de 1809. La casa donde vivía Beethoven estaba ubicada en medio de la batalla; el ruido y la conmoción con frecuencia no le permitían trabajar en el concierto. En un momento concreto tuvo que buscar refugio en el sótano de su hermano. El compositor describió sus dificultades de la siguiente forma:
"Hemos pasado por grandes penurias. Debo decir que desde el 4 de mayo es bien poco lo que he traído al mundo que guarde relación; apenas un fragmento aquí y allá. Todo el curso de los acontecimientos me ha afectado en cuerpo y alma. Tampoco puedo disfrutar de la vida de campo, que me es tan indispensable... ¡Qué vida perturbadora y salvaje que me rodea! ¡No hay más que tambores, cañones, hombres y miseria de todo tipo!".
Beethoven se había mostrado ambivalente acerca de Napoleón durante años. Es bien sabido que originalmente dedicó la Sinfonía Heroica (Eroica en la grafía italiana) al general francés y que, más tarde, airadamente rompió la página con la dedicatoria cuando Bonaparte se autoproclamó emperador. Beethoven se identificaba con ese hombre poderoso y que triunfaba por su propio esfuerzo, pero le repugnaba el deseo de Napoleón de utilizar su fuerza para la destrucción y el beneficio personal. El compositor era lo suficientemente nacionalista como para odiar a Napoleón por invadir Viena, sin embargo, al mismo tiempo, dirigió una presentación de la Heroica, con la esperanza de que el emperador la tomara como un homenaje. El compositor consideró la posibilidad de aceptar un puesto bien pagado en la corte del hermano de Bonaparte, Jeróme, que recientemente se había convertido en rey de Westfalia.
A pesar de que la mayor parte de la aristocracia de Viena había huido de la ciudad, varios nobles que aún permanecían en ella se reunieron para ofrecerle a Beethoven unos honorarios sustanciales para que no aceptara el cargo en Westfalia.
Beethoven estaba encantado. Sentía que sus preocupaciones financieras habían terminado y podía volver a trabajar en el concierto, por lo menos en la medida en que lo permitiera la guerra. Rechazó la oferta de Westfalia. Pero sus problemas monetarios no habían concluido. Debido a la guerra, se devaluó la moneda austríaca de manera que su renta anual llegó a valer mucho menos que lo que había sido la intención de sus protectores.
El concierto Emperador se inicia de forma dramática con la ejecución a cargo de la orquesta, de una serie de acordes amplios y simples, cada uno de ellos prolongado por amplios arpegios del piano. Después de tres compases vuelve a entrar la orquesta con el tema principal y el piano calla. En lugar de esperar una entrada dramática del instrumento solista, como en la mayor parte de los conciertos clásicos, esperamos una nueva entrada. El suspenso de esperar el retorno del piano produce una tensión psicológica en el proceso de escuchar. Finalmente retorna el piano, justo antes de la nueva exposición de los acordes iniciales.
El segundo movimiento alterna la melodía lírica a cargo de la orquesta, con acompañamiento de figuraciones ejecutadas por el piano. Finalmente, ambos tipos de música se combinan. El movimiento es amortiguado en su totalidad, preparando el dramático cambio de tonalidad hacia el final. Este cambio repentino forma la transición hacia el final.
El piano comienza el último movimiento con el tema principal, que contiene irregularidades rítmicas caprichosas. Estos ritmos impregnan gran parte del movimiento. Es de especial interés el dúo para piano y timbales justo antes del final.
Es curioso que Beethoven, que tenía 39 años cuando escribió El Emperador, jamás compusiera otro concierto, aunque todavía le quedaban 18 años de vida. El otro único intento que realizó fue el Concierto para Piano en Re, inconcluso (que no debe ser confundido con la rara trascripción del Concierto para Violín que realizó para piano y orquesta), del cual se instrumentaron aproximadamente 60 páginas en 1815. De este modo, El Emperador es la culminación de la obra de Beethoven en una forma que coloca a dos fuerzas, solista y orquesta, en dramática oposición. Jamás terminó otro concierto porque sus obras posteriores no se basan en la confrontación de opuestos musicales. La forma concierto pasó a ser inadecuada para su estilo.
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